Como toda revelación, lo que voy a decir a continuación ya lo sabía hace mucho tiempo. Pero hoy (por muchas circunstancias, mejor, pestañas abiertas en mi(s) navegador(es)) se me ha aparecido como una revelación. La pregunta no es ¿Qué aporta un arquitecto a la sociedad? sino ¿qué aportamos como personas al procomún de la(s) comunidad(es) a las que pertenecemos?
Me parece irreal hablar de “la profesión”, seguir identificándose con una comunidad que lo único que comparte es un papel sellado que te dieron en la Universidad. Otra cosa es si habláramos de pluriespecialistas activos, con ética hacker y ocupados en la construcción del entorno (en este caso). Eso sí que puede generar comunidades, muchas y diferentes entre ellas. Algunos pensaréis que eso es casi casi el Colegio Profesional, pero no, una comunidad de hackers no necesita estar “señalizada” por la Universidad ni tener un monopolio.
La buena noticia es que no es necesario “pensar como reconvertir el colegio” ni “buscarle salidas a la profesión“, si me permitís el juego de palabras, creo que hay que buscar entradas a los hackers que quieran dedicarse a la construcción del entorno y “vivir en ello”. Tampoco, no hay un sitio donde entrar, eso supondría que hay algunos que estaban primero, al final se trata de salir de la profesión. Que los hackers trabajemos por nuestra cuenta y nos juntemos por afinidades para construir nuestras propias instituciones y relatos. Y esto no es ningún escándalo, hace mucho tiempo que lo estamos intentando, cada vez afinando más y más.
Clap, clap, clap!!
Dales caña Fra!
Yeah! SÍ.
Cuando estaba desarrollando el proyecto del Oasis, la pregunta que me hacía era muy parecida: ¿Cómo puede alguien como yo colaborar en un entorno como éste?
Lo intenté con edificación, que es lo que me pidieron, porque como soy arquitecta… Pero al final la respuesta más ética para alguien como yo, fue proponer instrucciones para que las mujeres pudiesen hackear sus tecnologías domésticas. Y lo hacía no como alguien externo al poblado que traía soluciones, sino como habitante del Oasis. (cuento esto porque es un proyecto concreto que contiene muchas palabras de tu post)
Este año en Alicante, me he hecho la misma pregunta…y el sentimiento que he añadido ha sido que muchas personas son ciudadanas arquitectas,sin tener el título,y en diferentes grados, pero lo son por su actitud no pasiva ante la construcción del entorno. También así dixo parece algo obvio…pero me pareixe que no lo es para la comunidad arquitectónica en general, tan emperrada en diferenciar quien es arquitecto y quien no.
Podemos dejar de presentarnos como arquitectos, para presentarnos en función de la actitud y trabajo que desarrollemos en nuestras vidas cotidianas. Pero también podemos extender el título de arquitecto, como una cualidad más, a toda la ciudadanía qe se implique en la habitabilidad de allí donde se sienta parte, sea local o extranjero, por supuesto.
LO tercero y último qe me he dado cuenta, es que ya no creo que lo que hace falta son “equipos multidisciplinares” sino “equipos de personas multidisciplinares”…tambien parece obvio, no?…pero es que esto tiene muxos matices, sobre la hiperespecialización, y sobre que no todos tenemos que saber de todo…
Pero este comentario ya es de esos tan largos como un post, así que lo dejo aquí…;)
Ei María! Cada vez das más en el clavo con tus comentarios. Me gusta lo de entender lo de arquitecto como una cualidad personal derivada de tu implicación en la habitabilidad.
Sobre lo multidisciplinar podrían ser equipos de pluriespecialistas. “No hay puestos de trabajo. Sólo cosas que hacer y personas que las hacen.