- Autor: P.D. James
- Año: 2011
- Editoral: Ediciones B
- Traducción: Juanjo Estrella
- ISBN: 978-84-02-42098-5
- Fajalaucitos:
Sí, lo he leído… Tardé poquito y, bueno, no me gustó mucho pero me hizo pensar en algunas cosas interesantes. Por eso lo publico.
Para el que no sepa ya que es Pemberley: es la casa a la que Darcy y Elisabeth se van a vivir felices y comer perdices al final de Orgullo y Prejuicio de Jane Austen, un libro muy guapo. La autora de esta secuela, se ve que se dedica al crimen y misterio y le hace un homenaje a Austen.
Al principio me encantó la idea. Más que nada porque Orgullo y Prejuicio lo habré leído unas 5 o 6 veces, pero de vez en cuando me vuelve a apetecer. No me canso de vagar por la campiña inglesa acompañada de semejantes “paquitas”. Así que valía la pena ver qué pasaba con el experimento de juntar el crimen y misterio con Austen.
Para mí, James falla en el experimento. Todos los personajes se comportan como esperas de ellos y está escrito respetando bastante la sutileza de Austen. Pero de misterio, poco, la trama se resuelve burocráticamente. Personalmente me hubiera encantado ver a Elisabeth Bennet desplegando sus dotes de observación y su capacidad de ironía para resolver un crimen. James en cambio apenas la hace aparecer en la novela y menos en las partes interesantes. Prefiere hablar más de Darcy y del universo masculino, lo cual hubiera sido interesante si no consiguiera hacer desaparecer totalmente al personaje. Si tenías una imagen de él a partir del libro de Austen, en éste se desdibuja. Y como él, todos los personajes. Ninguno crece ni se desarrolla más allá, ¡a pesar de que haya habido un asesinato! Del único que podemos pensar y aprender cosas nuevas es de Wickham y tampoco lo borda… Vamos, que la novela es sosa y poco atrevida, cosa que no se puede decir, ni de lejos de la de Austen.
Pero el experimento me sigue fascinando. Me ha hecho pensar en por qué queremos volver a esos sitios ficticios. Quizá porque consiguen que sus personajes nos expliquen a nosotros mismos y a nuestras cosas mucho más que las historias que pasan a nuestro alrededor. Por eso los usamos como ejemplos al hablar y con sus vidas ficticias podemos entender mejor las nuestras reales. Está claro que esa “reveberación” ocurre porque se basan en personas reales pero lo importante es cómo lo cuentan y que, al separarnos de nuestro entorno cotidiano, nos hacen ver cosas que sólo podemos ver “en la distancia”.
Ése es el poder de los imaginarios. Y me imaginaba que ese sería el gran triunfo de un proyecto como Tropos. Si conseguimos crear un imaginario que nos permita explicarnos y entendernos muchos otros lo usarán para sí mismos. Entonces estará vivo y no ocurrirá como le ocurre a James que “mata” a los personajes haciéndolos estáticos porque no se juega nada en ello, no le sirven para contarse, ni a ella ni a los lectores. No es un mito vivo.
Al final se trata de que una comunidad pueda coger ese imaginario y ese lugar ficticio y lo use para entenderse. Así, una productora como Ciudad de la Sombra podría estar toda su vida (y la de sus descendientes) contando historias alrededor de los Tropos y que nunca se agotara. Eso es lo que daba a entender Javier en su post Una editorial, un libro y creo que es un futuro deseable para cualquier imaginario de ficción que se cree con pasión. Si lo pienso, es lo que hizo Faulkner durante toda su obra y también Austen, Woolf, Tolkien o tantos otros, aún cambiando de género y de personajes. Es lo que tantos autores han hecho siempre con los clásicos. Lo novedoso, con internet, es que no tiene porqué ser un mismo autor y que es fácil hacer un seguimiento. Lo que Benjamin auguraba con su El autor como productor puede ser real ahora (y no ser universalista sino basado en comunidades).
Y bueno, volviendo al libro, si tenéis muchas ganas de volver a la campiña y ver qué podrían estar haciendo los personajes de Austen, se puede leer… Pero casi sería mejor escribir nuestra propia versión, ¡se abre la veda!


Me encanta leer claves sobre Tropos tan interesantes como las tuyas. Dentro de poco haremos una convocatoria para seguir la historia ¡y desarrollar nuestra mitopoiesis!.